Los síntomas más característicos y comunes al sufrir una contractura muscular es el dolor y la limitación de movimientos debidos a la contracción prolongada e involuntaria de uno o de varios músculos, sin tener lesión de la fibra muscular y después de haber realizado un esfuerzo físico.

Ante todo, hay que realizar reposo y evitar forzar la zona contracturada. Es muy útil, la aplicación de calor en la zona afectada y si fuese necesario, inmovilizar los músculos que se han visto afectados. Ante la duda siempre se aconseja que un profesional examine y realice el diagnóstico adecuado.

Existen muchos factores que inciden en la posibilidad de tener una contractura en alguno de nuestros músculos. Desde el estrés, las malas posturas y hábitos al que sometemos al cuerpo durante largos periodos de tiempo incluso la falta de actividad física. También la práctica de deportes, puede ocasionar contracturas bien durante la práctica del ejercicio o deporte como en el tiempo posterior a la actividad física. Un mal calentamiento como la ausencia de una correcta relajación y estiramientos posteriores pueden superar la capacidad de adaptación del músculo.

Cuando envejecemos, también perdemos la elasticidad en músculos y articulaciones. En personas mayores, la falta en la capacidad motora facilita que cualquier actividad diaria y cotidiana se convierta en un sobreesfuerzo, y las musculatura debilitada se contracture con mayor facilidad.